Reproducimos, por su interés, el artículo del Diario de Ibiza acerca de nuestros queridos amigos de Cafés Ibiza.
El aroma a buen café invade la nave industrial de Cafés Ibiza y tanto los vecinos de Ca na Negreta, donde está ubicada, como los habituales conductores que pasan a diario por la carretera de Santa Eulària agradecen que este mismo aroma escape de la nave y se confunda con el aire de la mañana. Y este olor exótico que producen los tuestes cotidianos del grano llega en realidad de Brasil, de Nicaragua, de Colombia y de la India. Cafés Ibiza es una pequeña marca ibicenca y una gran fórmula cafetera que mezcla granos y refunde sabores, buscando un equilibrio original y placentero.

Fundada en 1958 por Vicente Tur Noguera, un ibicenco que había emigrado a Venezuela en su juventud, Cafés Ibiza es una empresa donde trabajan actualmente veinticinco personas, está dirigida por Rosario Tur, hija del fundador –fallecido hace ocho años–, y produce alrededor de 130.000 kilos anuales. El primer tostadero estuvo ubicado en un local de sa Penya, en la calle d’Enmig, donde Vicente Tur molía a mano los granos con una máquina rudimentaria que todavía se conserva como reliquia pionera.
La verdad es que solamente un hombre que amaba de verdad su trabajo podría haber sacado adelante, en aquella Ibiza de los años 50, una empresa como esta dedicada a tostar granos de café y a molerlos. El grano estaba racionado entonces por el Estado y era insuficiente, así que el fundador tuvo que recurrir también al contrabando –recurso de tan grato recuerdo para muchos ibicencos de aquella época– para poder satisfacer toda la demanda y sobre todo para poder sobrevivir con el negocio.
Rosario Tur recuerda algunas anécdotas divertidas tantas veces contadas en familia, como aquella en la que se narraba cómo una de sus tías, Margalideta, vestida de payesa, transportaba en bicicleta desde algún punto de la costa hasta sa Penya, oculto entre sus amplias faldas, los pequeños fardos ilegales.
Desde luego que los tiempos cambiaron muy rápido y también la manera de hacer las cosas. De aquel oscuro localucho de sa Penya pasaron a otro más amplio en ses Figueretes, y de ses Figueretes a Can Negre, hasta llegar a su ubicación actual en Ca na Negreta, una gran nave donde se recibe el grano en contenedores que llegan en barco, vía Barcelona, procedentes sobre todo del puerto de Santos, en Brasil; se tuesta con maquinaria moderna, se muele, se empaqueta y se distribuye por toda la isla.
El grano crudo recién llegado no tiene demasiado buen aspecto, tan amarillento como es; parece un simple cacahuete sin gracia, pero una vez tostado ya está listo para gustar. Entonces se puede empezar a decir aquello que repetía el incisivo detective Sherlock Holmes: «No hay nada como una taza de café para estimular las células del cerebro».
Diseño pop
Han cambiado muchas cosas en este negocio pero apenas lo ha hecho el característico y alegre paquete de café, con su diseño pop de los años 60, que destaca siempre por su colorido y tamaño en los estantes de las tiendas y supermercados. A Rosario Tur le encanta este diseño antiguo que, sin embargo, continúa llamando la atención y sorprendiendo a quienes se lo encuentran por primera vez. En realidad, a la joven propietaria y directora de Cafés Ibiza le entusiasma su empresa, es una fan de su propio trabajo y de su producto estrella, cuyo proceso de producción conoce al detalle y lo explica como si se tratara del descubrimiento de América. Y ciertamente hay mucho de América descubierta en cada paquete de Cafés Ibiza desde que aquel joven Vicente Tur emigrara a Venezuela y trajera consigo los aromas y sabores que había conocido en aquel lejano país.
Rosario Tur lamenta que las cocinas y las casas hayan dejado de oler a café desde que George Clooney decidió entrar en ellas con su nueva maquinita milagrosa, pero lo cierto es que también Cafés Ibiza ha tenido que ponerse al día e inventar las monodosis de su propio producto. Aunque ni la comodidad ni la seducción hollywoodiense han impedido, por supuesto, que se continúen fabricando y distribuyendo los selectos paquetes de árabigos que llevan también el nombre de Ibiza –y que llegan hasta algunos bares y comercios de Inglaterra y Alemania–, junto con otro producto de la casa que cada día tiene más demanda, el café descafeinado, signo inequívoco de este mundo de hoy al borde de un ataque de nervios.



